La persona que escribe no sabe que habita un terreno cenagoso. No sabe bien a dónde se dirige, no tiene boyas ni marcas que lo ayuden y encima el resultado es siempre incierto, azaroso. Y muchas veces las cosas se dan al revés de lo esperado. Un texto que una lo sentía amigable y seguro termina dándonos la espalda y quedándose mudo; y en cambio aquello que parecía un sinsentido, una locura, en el final se nos revela como algo querido.
Nunca voy a entender este oficio de escribir.
Texto: Callas (pseudónimo)
Imagen: © Ana S.
Música: Mizar Harmosini




