El caracol no sabe que lleva en la estructura espiral de su caparazón el saber de Fibonacci.
Tampoco sabe que esto le une a la disposición de las hojas en el tallo de los árboles, en las flores de alcachofas y girasoles, en las inflorescencias del brécol romanesco, en la configuración de las piñas de las coníferas y en la reproducción de varias especies.
Lo único que sabe es que la relación entre dos números de Fibonacci sucesivos se acerca a la relación áurea cuando tiende a infinito.
Afortunadamente, nada de eso interfiere en su lentitud.
Texto e imagen: © Ana S.
Música: Rokia Traoré. Laidu
https://www.youtube.com/watch?v=C9DOGSRIBn4&list=RDC9DOGSRIBn4&start_radio=1




