Si el mito fuera diferente y hubiera sido Eurícide quien suplicara a Hades y Perséfone, por su amado Orfeo. Y, embelesados por su lira, le concedieran su deseo con la condición de que no contemple su rostro hasta que hubiesen salido de los infiernos. ¿Iba a consentir que le fuera arrebatado, y se convirtiera de nuevo en sombra quedando definitivamente separados? Pregunto. Y yo sola me contesto: No. Nunca. Porque al contrario del impaciente Orfeo, Eurícide sabe esperar.
Texto e imagen: © Ana S.
Música: Gluck, Orfeo ed Euridice
https://www.youtube.com/watch?v=kRZ1KjKYuCo&list=RDkRZ1KjKYuCo&start_radio=1
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